domingo, 3 de febrero de 2013

soyloqueves...simeves.

    Como cuando supera lo razonable y uno nota que aun nadie en la historia le designó un sonido para simplificar la situación de poder expresarlo. Como cuando las letras se enredan en la lengua, se hacen gárgaras en la garganta con cientos de términos; intentando escupir oraciones que transmitan verdades entrelazadas con suspiros que no son otra cosa que mecanismos para  oxigenar la mente que no interrumpe su repaso minucioso del léxico buscando una palabra adecuada. Es entonces cuando se mira al otro a los ojos, con la intención de encontrar en la mirada la complicidad de los sentimientos o tal vez, simplemente, algún indicio de que esté atento a lo que los silencios están contando, a la garganta haciendo gárgaras, a los buches de palabras en la boca.
   Gira la calesita y resulta tan estimulante que unos locos afirman querer  subir, pero es tanta la admiración que generan sus colores y sus  vueltas que se prefiere no hacerlo por miedo a dañarla. Otra vuelta mas y ya son incontables. El daño se consigue de todos modos, provocado por la inutilidad del objeto sin uso, por la esencia cohibida consecuencia de la admiración de los observadores que no hacen otra cosa que contemplarla y no atreverse. Las vueltas  empiezan a marear, los gestos y palabras de estima son  una caricia sutil al ser etéreo, pero quien los siente no nota que al expresarlos se posiciona  en una actitud protectora. No es consciente de que con palabras que  piensa bien-intencionadas entreteje un velo intangible alrededor del cuerpo físico que no hace otra cosa que gestar la idea de fragilidad ante sus ojos. 
    Cuando entiendo que no hay palabras y  miro a los ojos buscando la complicidad,  dice que me admira. Acaba de ponerme el velo. Busco el encuentro de miradas, pretendo que me vea. Ya no me ve.  Sale espantado del miedo que le genera lo frágil, ni saluda.

"Desnudo cuidado"Dibujo con birome.